Mamá, soy una Hater

– Mamá, soy una Hater
– ¿Y qué significa esto? – Diría mi madre.
– Pues literalmente, que soy una “odiadora”.

Que me gusta odiar, que lo hago habitualmente y… ¡Qué narices! ¡Qué hasta se me da bien!

Odio lo borreguil que es el ser humano, lo que nos deslumbra todo lo que viene de USA, de las bloggers, las celebs y últimamente de los terroríficos “Influencers”.

Creo que todo comenzó con el auge de las bodas temáticas #enlasquetodoconjunta. Se ha ido alimentando con las súper madres anuladas por sus hijos y sigue creciendo más y más con las nuevas olas moderners que entretienen a los que vivimos en el primer mundo. Que si la selfie de labios rojos, que si el vestido de qué puto color es… buff! (bufido largo)

Mi generación, la de los ’80 (qué orgullo me produce decirlo) ha vivido unos cambios muy bruscos, sociales, económicos y culturales. Hemos sido una generación que en la adolescencia comenzó a disfrutar de cierto “bienestar social” que antes no se había vivido en el hogar (os hablo de una familia de nivel medio). Pasamos de heredar la ropa de nuestros hermanos, a poder comprar y elegir lo que queríamos llevar. De calzar unas zapatillas marca el pollastre, a pedir unas Adidas o Nike para Reyes. De llevar el pelo cortado por tu madre, a ir a la peluquería habitualmente. Hemos estrenado el gran privilegio de poder elegir. ¡Y zas en toda la boca! Elegimos ser todos iguales. Lo odio.

He visto a mi gente (yo incluida) transformarse sin parar para poder encontrar un lugar en el que encajar, para sentir el cobijo de la manada. Bakala, skater, pijo, heavy, roker… en nuestra juventud y hipster, snob, esteta, moderner, ikeafamily… y bla bla bla en nuestra madurez.

He visto el paso de un millón de modas. Cuanto más extremas, más rápido se diluían. Cada vez tienen un nombre y un código diferente, pero son todas la misma historia. Llegan, te mastican abducen temporalmente hasta que llega la siguiente y luego te escupen las detestas.

Y no es solo el color de la temporada. Es el cómo has de peinarte, el vocabulario que has de usar e incluso lo profundas que han de ser tus relaciones. ¿Dónde está la naturalidad? La gente ya no sabe ni quién es. Adoptan un papel y pierden por completo la realidad.

Y después de todo esto, no quiero que os quedéis con que lo malo son las modas. NO. Lo malo es como nos dejamos influenciar por ellas y la pérdida de identidad que conlleva este comportamiento. Es importante recordar que somos seres únicos, capaces de juzgar lo que nos gusta y lo que no.

Quizá yo ahora mismo este viviendo la propia moda de “odiar”, ¿quién sabe? Pero sinceramente, prefiero odiar y quedarme bien a gusto, que hacer cualquier otra cosa a disgusto.

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Mi TOP Hater de esta semana: Las fallas, los yuppies con melenita y la vigorexia de la Pataky.

2 thoughts on “Mamá, soy una Hater”

  1. Eve Fox
     ·  Responder

    Fotograma de “El pueblo de los malditos”.

  2. Jose
     ·  Responder

    El Pueblo de los Malditos haters!!

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