Maldita sea

Llega agosto y comienzan las vacaciones (al menos para mi jefa y para mi).

La cabeza va a mil. Las tareas se acumulan, las llamadas, ese pálpito constante de “se me olvida algo”. Malestar, estrés y junto con este calor insoportable falta de sueño. Así es, estamos hechos un asco.

Repito. La cabeza va a mil.

¿Conocéis ese sentimiento de querer irse para mandarlo todo un poquito a la mierda desconectar y ese otro que se rebela y quiere quedarse para tenerlo todo bajo control?

¡Mec! ¡Error y error!

“Go away!” No puedes mantener nada bajo control. Ese es el primer error. Las cosas irán por donde tengan que ir. No podemos frenar las jodidas alas de mariposa. Todo se despeñará si tiene que hacerlo. Esto es así.

El segundo error es aferrarse. “Let it go”. Lo que tenga que quedarse permanecerá. Sin más. Y lo que no valga la pena pues… ya sabéis: ¡Goodbyeeeee!

El mal del siglo XXI es el exceso de control (además de las cápsulas de nespresso, la gran mentira de la libertad del autónomo y el woman power disfrazado de crueldad).

Tenemos mandos a distancia, aplicaciones y gadgets varios con los que medimos pulsaciones, amigos, gramos, kilómetros e incluso horas de sueño. No es que antes no lo hiciéramos, es que antes nos importaba una mierda. El exceso de control disfrazado de geek.

¡Maldita sea! Hay que aprender a soltar lo que no podemos controlar. Es agosto, cerremos de una vez la agenda, pongamos el auto reply en el mail y digamos adiós con una sonrisa muy grande.

Cuando regresemos, todo seguirá más o menos donde lo habíamos dejado. No exactamente en el mismo sitio, pero todo seguirá rodando, fluyendo…

Feliz verano a todos y recuerden: ¡Goodbyeeeee!

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