Los aromas de mi infancia

La infancia es educación, es percepción, es aprendizaje, memoria creativa y desarrollo. Es aprender cosas sin saber por qué, y al mismo tiempo no recordar nada de todo eso que se empeñan en enseñarnos.

En mi caso, mi infancia son recuerdos visuales, pero también aromas (diría que es uno de mis sentidos más desarrollado) y si cierro los ojos y me concentro puedo hacer regresiones en el tiempo.

Los 5 aromas de mi infancia

1. El polvo que se ponía para matar hormigas.

Mi abuelo cada día de verano se daba una vuelta alrededor de todo el chalet cubriendo con este polvo cada esquina, rodeando cada árbol. Era casi un ritual, la higuera, el nisperero, las tomateras, las patas del columpio… Al final lo impregnaba todo y hasta te acababa gustando.

2. El maldito jarabe infernal. Estar mala. 

Hay un jarabe, no recuerdo el nombre, que era olerlo y producirme arcadas. Jamás me lo han vuelto a recetar, así que supongo que es solo para tratamiento infantil, pero cierro los ojos y veo a mi madre con cara de circunstancias acercando una gran cuchara hacia mi. Inmediatamente yo le decía a mi madre: “mamá, me duelen las piernas” y ella me contestaba “eso es que estás creciendo”. Esto ocurría demasiadas veces como para no haber superado los 165 cm. en mi edad adulta, así que aunque en su momento me consolaba, intuyo que me mentía.

3. La coca de llanda.

Era llegar del cole a casa de mi yaya y sentir el calor del horno, oler la canela, el limón, el azúcar… e inmediatamente sonreír. Nunca he conseguido hacerla igual de buena, y mucho menos conseguir una bandeja de metal como la suya.

4. Mestalla.

De pequeña tenía unos tíos que me llevaban de vez en cuando a ver el fútbol a Mestalla. Recuerdo el olor del césped recién cortado. Una maravilla.

5. La pintura.

El óleo es el aroma del estudio de mi padre. Un millón de tubos de pintura en una especie de mesita que giraba, disolventes, trapos manchados sobre la moqueta, pinceles y cachivaches antiguos por todos lados. Sentarme a mirar como lo hacía. Alucinar. Hablar con él. Reír. Aprender.

Al final resulta que los aromas son personas. Podré olvidar nombres, fechas, números, caras, pero estos recuerdos, estas sensaciones, son imborrables.

2 thoughts on “Los aromas de mi infancia”

  1. Guille
     ·  Responder

    El jarabe puede que fuera el Romilar?? Joder, ese lo tengo grabado a fuego.

    Mucha suerte con el blog

    • Eve Fox
       ·  Responder

      Hola Guille,
      Pues no recordaba el nombre, pero he buscado el que dices en Google y… baaaang! Ahí estaba mi peor pesadilla!
      Buena memoria!

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